– por Paula Gomez 

Hay muchos tipos de silencio: silencios incómodos, silencios que dan lugar a algo nuevo, el Noble Silencio, silencios que acompañan, silencios que alejan, silencios que conectan palabras o notas musicales, el silencio como pausa, el silencio como espacio…

El silencio puede ser una herramienta de comunicación, a veces más poderosa que la palabra, hay un refrán popular que lo expresa con claridad:  “Un silencio dice mucho más que mil palabras”…

El silencio como un espacio, como un facilitador

Recuerdo cuando me comprometí a practicar el Noble Silencio por 10 días.  Los primeros días extrañaba el sonido de la voz, pero ese condicionamiento se fue desprendiendo y dio paso a la posibilidad de escuchar el sonido de la naturaleza, algunos sonidos más burdos como el canto de los pájaros y otros más sutiles como el de las pisadas al caminar sobre el pasto o sobre las piedras. También empecé a escuchar el sonido del aire cuando entra y cuando sale del cuerpo por la nariz. El sonido del masticar comidas de diferentes texturas. Descubrí con asombro lo ruidosa que es la noche en el campo.

El sonido fue el posibilitador de una conexión profunda con la existencia con muchas menos distracciones. Fue difícil romper un silencio que me había ofrecido tanto, fue fácil crear un nuevo condicionamiento de apego.

Silencio en la práctica

Un día me dispongo a practicar y me encuentro con un silencio incómodo. No logro discernir si el silencio incomoda o en realidad el silencio pone en evidencia incomodidades que ya existían antes de disponerme.

El silencio nos deja en contacto con el vacío que es parte de la existencia. Sin vacío, no habría posibilidad de creación, de cambio. Ese contacto a veces puede ser incómodo, puede poner en evidencia sensaciones de soledad, tal vez en los momentos en que remite al vacío que posibilitó la llegada a este mundo y al vacío que quedará al dejar de habitar mundo. Esos reales expuestos son difíciles de recibir, aparece el miedo, la angustia, pero cuando se profundiza, cuando contactamos con el vacío que somos, esas sensaciones desaparecen. Un tiempo más tarde, el silencio forma parte de mí y yo soy parte de él, no hay separación, habito, existo en él, soy silencio.

Hay un silencio que de alguna manera me acompañan a través del día, aun si tengo que comunicarme con otras personas a través de la palabra. Ese silencio es más profundo, está más allá de las palabras…

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