-por Fernando Contona

El sufrimiento es aquel capaz de poner en marcha un motor generador de cambios.

Es cuando se enciende una luz interna que nos indica con muchísima claridad y sin lugar a confusión que “algo tiene que cambiar” por que “de esta manera no quiero vivir más”.

 

A partir de ese momento, es cuando des-cubrimos que tenemos la capacidad innata de activar intencionalmente un montón de recursos internos que están al servicio del cultivo del bienestar y la autorregulación.

 

No creamos que el sufrimiento son solo imagenes de martirio y auto-flagelación; La espera del ascensor en un edificio, el tráfico de autos en una hora pico, la carencia de afecto o baja autoestima, que las cosas no sean como “yo” creo que deberían ser, también son diferentes maneras de manifestarse el sufrimiento. Y cualquier suceso en la vida cotidiana puede ser percibida como un verdadero tormento. No es necesario haber vivido en un campo de concentración para que el sufrimiento de una persona sea de importancia o no. Si percibimos constantemente al mundo como una amenaza, entonces viviremos con todas las señales de alarma encendidas, y no habrá momentos de paz.

 

Debemos preguntarnos… 

¿Realmente tenemos la intención de generar cambios profundos?
¿Cuánta vida estamos dispuestos a invertir?
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