“Presenciando desde la quietud” – por Raúl Brunelli

Les comparto una experiencia que decidí hacer Presenciando la Realidad del Presente y lo que descubrí observando desde la quietud.

En un restaurante tomé la determinación de observar lo que va sucediendo, y permanecer inmóvil.
Estaba sentado en una de las mesas al aire libre, dispuestas con “distancia social”, en la vereda del restaurante. Desde este lugar, pude ver que dentro del local, que no estaba habilitado al público, había dos televisores encendidos, uno con un partido de fútbol y el otro con un canal de noticias.
Los mozos entraban y salían del local, con pedidos a las mesas, haciendo escala en la caja registradora antes de salir. Cada tanto algún mozo se detenía a mirar televisión, mientras esperaba que desde la cocina le avisaran para retirar su pedido. Había momentos en que nadie los miraba. Los dos televisores estaban encendidos todo el tiempo, y su sonido podía llegar a escucharse desde la vereda, sonidos que se superponían dificultando diferenciarlos.

En una mesa próxima, un comensal intentaba ver desde la calle la pantalla del televisor que pasaba el partido de fútbol, el que estaba en el interior del local. Entonces sacó su celular y, tras algunos intentos, logró sintonizar el partido en el mismo. Cuando llegó su comida, puso su celular al costado, sin apagarlo, y empezó a comer mientras escuchaba la transmisión del partido, la cual también podía oírse desde otras mesas. Mientras comía miraba de costado la pantalla.

Me dí cuenta que no es posible que esto le permita, a mi vecino de mesa, hacer una pausa con relajación durante el almuerzo, por más que se siente a almorzar a la mesa.

Un comensal llamó al mozo pidiéndole aceite de oliva, esperando para preparar su ensalada. El mozo demoró en traerlo, pero lo dejó en otra mesa, donde una pareja se había sentado y continuaban chequeando y escribiendo mensajes, cada cual con su teléfono, por lo que no se dieron cuenta que el mozo les había traído algo que no habían pedido.

Percibo que en el interior del local, con los dos televisores encendidos en distintos programas y volumen elevado de sonido, se incrementa para los mozos el estrés que ya es propio de su trabajo de atender los requerimientos, el servicio y la cobranza de pedidos variados y simultáneos.

Sería más saludable el silencio, en especial si la gente intentase estar en él, presenciando el momento y observando lo que sucede con calma y quietud.

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