Nuestra verdadera esencia

Esto sucedió hace unos cuantos años a dos niños de una familia de Illinois. La hija de ocho años se enfermó y se le diagnosticó una enfermedad en la sangre qué amenzaba su vida.Se comenzo a buscar donantes para la niña que poseía un tipo de sangre muy raro. A medida que se iba debilitando, la familia seguía sin encontrar un donante compatible. Por fin averiguaron que su hermano de 6 años poseía la misma sangre que la niña-La madre, el sacerdote y el médico hablaron con el niño para preguntarle sí quería donar sangre para salvar la vida de su hermana.

Para su sorpresa el niño no respondió ese día. Quería un poco de tiempo para pensarlo. A veces los niños de 6 años pueden ser bastante serios.

Luego de unos días el niño se dirigió a su madre y dijo “ Sí, lo haré”.

Al día siguiente el médico llevó a los dos niños a la clínica y los puso uno al lado de otro en dos camillas.Quería que ellos viesen como uno ayudaba a otro. En primer lugar sacó un poco dé sangre del brazo del niño.Después se trasladó a la camilla donde estaba la hermana y le clavo la aguja para pasarle la sangre, de modo que su hermano pudiese ver el efecto. En pocos minutos comenzó a aparecer color en el pálido rostro dé la niña-

Entonces el niño hizo una señal al médico para que se acercara y en voz muy baja le preguntó “¿Voy a tardar mucho más en comenzar a morirme?”

El niño había entendido que para donar su sangre para salvar la vida dé su hermana él tenía que morir. Por eso necesito unos días para pensarlo. Y así, sencillamente dio el corazón que todos los seres humanos tenemos cuando estamos conectados con nuestra verdadera esencia

Francisco Vanoni

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